Muerte de Juárez

escultura de la patria y juárez

Por Dhyana Angélica Rodríguez

Un año después del fallecimiento de Margarita Maza de Juárez, el corazón de su viudo comenzó a cobrar factura. En marzo de 1872, un día antes de su cumpleaños número 66, tuvo problemas de salud y su médico, el doctor Ignacio Alvarado, lo diagnosticó con angina de pecho. Los cuidados y una dieta adecuada, hicieron que se recuperara en algunas semanas, no obstante, volvió a caer enfermo a mediados de julio del mismo año.
De acuerdo al historiador Héctor Pérez Martínez(1), don Benito trabajó hasta el último de sus días, y aún cuando ya se hallaba postrado en cama, al visitarlo el ministro Sebastián Lerdo de Tejada, se puso una capa y fue a recibirlo. Después de despachar asuntos del gobierno volvió a acostarse y fue cuando el doctor Alvarado, al ver que le latía muy tenuemente el corazón, en los umbrales de la muerte, tuvo que hacer uso de un remedio característico de la medicina de la época: vaciarle agua hirviendo en el pecho.
Según el testimonio del médico(2), el violento tratamiento reanimó momentáneamente al presidente, quien de inmediato lanzó un grito de dolor y dijo: “me está usted quemando”. El galeno le contestó: “así lo necesita usted”, y Juárez se conformó con el tratamiento, al grado de que horas después, soportó estoicamente una segunda aplicación sin emitir ni una sola queja, situación que admiró a Alvarado.
No obstante, la vida de Juárez se apagaba y sólo tuvo tiempo de recordar algunos episodios de su niñez, de cuando estudiaba con Salanueva. Sus hijas le pedían que resistiera y “no se fuera”, pero después de quedarse dormido del lado izquierdo, con una mano bajo su cabeza(3),el presidente no volvió a moverse.
El doctor Barrera, quien al igual que su colega Alvarado, se hallaba presente, acercó un fósforo a las pupilas del recién fallecido esperando que éstas se contrajeran, pero confirmó su muerte a las 11 horas con veinticinco minutos de la noche. La noticia se daría a conocer al día siguiente en el periódico “Tiempo de México” en un artículo titulado “Murió el presidente Juárez”. Una de sus hijas, por su parte, colocaría una pequeña nota sobre la página de un libro en francés, con las siguientes palabras: “último libro que leyó papá”.
Más adelante, durante el gobierno de Porfirio Díaz, éste mandaría colocar una placa en la pieza donde tuvo lugar el fallecimiento, dentro del ala norte del Palacio Nacional (donde habitaba Juárez), la cual se conserva hasta la fecha.
Los restos del Benemérito descansan actualmente en el Panteón de San Fernando, en la ciudad de México, dentro de una tumba de mármol con esculturas que representan de forma alegórica a la patria lamentando su fallecimiento acontecido aquel 18 de julio de 1872.
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(1)Autor del libro “Juárez, el impasible”. Historiador, periodista y político mexicano, nacido en Campeche el 21 de marzo (mismo día que Benito Juàrez) y fallecido el 12 de febrero de 1948 en Veracruz. Fue autor de la biografía novelada: “Juarez, el impasible”, y gran estudioso de la vida de éste.
(2)ALVARADO, Ignacio. “La muerte de Juárez, relato de su médico de cabecera”, Revista Prensa Médica Mexicana. Edición julio-agosto, 1972.
(3)FAJARDO y SALAZAR, “Médicos, Muerte y Acta de Defunción, Benito Juárez”, en Historia y Filosofía de la Medicina, Facultad de Medicina, UNAM

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