Ciudades prehispánicas descubiertas en Campeche plasmadas en mapas tridimensionales

 

Ciudades Prehispánicas en CampecheA la fecha son 80 los espacios descubiertos, 20 de ellos son grandes urbes, entre las que se encuentra Chactún.  Las investigaciones en las que participan arqueólogos del INAH, la UNAM, especialistas alemanes y eslovenos, son financiadas por National Geographi Society y las empresas austriacas Villas y la eslovena Ars Logan.

El Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) elabora un mapa arqueológico sobre ciudades mayas descubiertas en el sureste de Campeche,  que incluye alrededor de 80 lugares, algunos reportados en 1943,  pero que habían quedado en el olvido. La ciudad prehispánica más reciente es Chactún, rastreada hace unas semanas.

El Proyecto de Reconocimiento Arqueológico, financiado por National Geographic Society, y  las empresas austriaca Villas y la eslovena Ars longa, inició en 1996  y se han localizado dichos vestigios, a través de fotografía aérea de gran escala.

El sitio que se localizó hace dos semanas es Chactún, que significa “Piedra Roja” o “Piedra Grande”, bautizada por el arqueólogo esloveno Ivan Sprajc, del Centro de Investigaciones Científicas de la Academia Eslovena de Ciencias y Artes.

 

Antes fueron localizados Altamira, Altar de los Reyes, Balakbal, Calakmul, Champerico, Dos Aguadas, El Gallinero, El Palmar, La Muñeca, Los Alacranes, Los Ángeles, Mucaancah, Oxpemul, Uxul y Yaxnohcah. En 2007: Los Hornos y Uitzilná, donde el INAH y los investigadores extranjeros continúan trabajos de recuperación.

 

A dichos vestigios ha sido posible llegar mediante la revisión de fotografías aéreas a escala 1:20,000, y en casos como Uxul fue posible por los reportes de los arqueólogos Karl Ruppert y John Denison Jr en 1943, pero que habían sido olvidados.

 

“Con las fotografías aéreas, examinadas estereoscópicamente, encontramos  muchos rasgos que evidentemente eran vestigios arquitectónicos. A partir de ahí tomamos las coordenadas y el siguiente paso fue localizar los antiguos callejones utilizados por los chicleros y madereros para poder llegar a la zona”, explicó el arqueólogo que encabeza la investigación, Ivan Šprajc,

Sin embargo, una buena parte de los sitios ahora mapeados no habían sido rastreados, ejemplo de ello es el descubrimiento de Chactún que estaba totalmente cubierto por la espesura de la selva que sirvió como camuflaje de los montículos prehispánicos y para los habitantes del lugar era sólo lomas

 

“La arquitectura monumental de todos los espacios urbanos en el área de reconocimiento, incluye una combinación de estructuras piramidales con funciones predominantemente religiosas, y construcciones de configuración más compleja y variada, que pueden calificarse como edificios administrativos y residencias de alto rango. En ambos tipos de arquitectura pueden encontrarse entierros”, explicó.

 

Por su tipología y cantidad, los tiestos de cerámica que se observan dispersos en estos antiguos centros de poder y áreas habitacionales mayas, son para los arqueólogos indicadores de periodos de ocupación. En términos generales, ésta empezó siglos antes de nuestra era, pero el número de asentamientos creció de forma importante a lo largo del periodo Clásico, entre 250 y 900 d.C.

 

Šprajc, estimó que el sureste de Campeche estuvo vinculado con el Petén desde siglos antes de nuestra era y hasta los primeros siglos de la presente. Una fuerte relación que continuó en el periodo Clásico; así lo demuestran las similitudes en su arquitectura, caso de algunos grupos de edificaciones de configuración triádica, dijo.

 

“Ahora, a la luz de los datos que hemos obtenido, resulta evidente que la construcción de los complejos arquitectónicos de este tipo estaba ampliamente difundida también en el sureste de Campeche, donde su presencia fue documentada sólo en Calakmul, antes de nuestra exploraciones”, refieren Ivan Šprajc y Nikolai Grube, de la Universidad de Bonn, Alemania.

 

Asimismo, las canchas de juego de pelota que se han localizado se encuentran en algunos sitios de rangos mayores, entre ellos Mucaancah, Oxpemul, Uxul y Chactún, los que además cuentan con monumentos inscritos que ratifican un nivel más elevado con respecto a otros asentamientos.

 

Uxul ha sido un caso afortunado, pues como concluyen Šprajc y Grube, es necesario continuar las prospecciones de superficie en las áreas que permanecen desconocidas para rescatar información valiosa amenazada por los procesos naturales y los daños producidos por el hombre.

 

Los trabajos en Chactún, que corresponden a la octava temporada del Proyecto de Reconocimiento Arqueológico comprendieron también su levantamiento topográfico mediante equipo proporcionado por el INAH  y la participación de los arqueólogos mexicanos Atasta Flores Esquivel y Octavio Esparza.

Descubierta hace un par de semanas, se cree que la urbe, de más de 22 hectáreas, fue el centro rector de una vasta región hace mil 400 años, entre 600 y 900 d.C. y permaneció oculta a lo largo de los siglos en la selva del norte de la Reserva de la Biosfera de Calakmul.

“Es uno de los sitios más grandes de las Tierras Bajas Centrales, comparable por su extensión y la magnitud de sus edificios con Becán, Nadzcaan y El Palmar, en Campeche”.

En estos espacios se dispersan numerosas estructuras de tipo piramidal y palaciego, incluyendo dos canchas de juego de pelota, patios, plazas, monumentos esculpidos y áreas habitacionales, mientras que la pirámide más alta, de 23 m de altura, se localiza en el Complejo Oeste, lo más impresionante del lugar son los volúmenes constructivos que presentan muchos edificios.

No obstante, son las estelas y altares —algunos de los cuales aún conservan restos de estuco— los que mejor reflejan el esplendor de la ciudad en el llamado periodo Clásico Tardío (600-900 d.C.).

De las 19 estelas registradas hasta el momento, tres son las mejor conservadas. La denominada 1 da nombre al lugar, pues en ella se menciona que el gobernante K’inich B’ahlam “Clavó la Piedra Roja (o Piedra Grande) en el año 751 después de Cristo”, según la interpretación preliminar realizada por el epigrafista del proyecto, Octavio Esparza Olguín.

 

 

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