El sitio de Puebla en la caricatura de Constantino Escalante

 

 

Alfonso Milán*

 

Los sucesos ocurridos durante el sitio de Puebla -de marzo a mayo de 1863- transcurrieron entre encarnizados encuentros, destrucción parcial de conventos y barrios, firmas de armisticios para la sepultura de cadáveres, canje de prisioneros y caravanas de inocentes acosados por el hambre tratando de salir de la ciudad entre fuego nutrido. “La situación era desesperante y no había otro recurso que entrar en pláticas con el sitiador francés, para obtener una salida honrosa”. No obstante al no conseguir del mariscal Forey el visto bueno para que el ejército sitiado evacuara la ciudad con banderas desplegadas y armas en la mano rumbo a la capital de la República, González Ortega determinó diluir al ejército, destruir las armas y el parque y entregarse al enemigo sin condiciones de ninguna especie.

 Más de mil oficiales fueron hechos prisioneros, ninguno de ellos quiso firmar un documento enviado por Forey que dictaba que no intervendrían en política, ni tomarían parte en operaciones militares mientras durara la intervención extranjera en México. Los franceses ocuparon Puebla el 18 de mayo, Forey se extrañó que no hubiera ganado la simpatía de la población. “Marchando entre escombros en medio del silencio de los muros semiderruidos, solamente el clero se alegra con su presencia”. En la catedral el cabildo eclesiástico, mandó a cantar el solemne Te Deum.

Durante las operaciones militares de Puebla, las caricaturas de La Orquesta, el periódico satírico más importante de la época, se tornaron en instrumentos de propaganda en pro del nacionalismo y contra la violación de la soberanía. Constantino Escalante, su más destacado caricaturista presentó el 18 de marzo de 1863, la caricatura titulada “Se hacen chiquitos. —Se hacen grandotes. Los enanitos. — Los enanotes”. En ella, tres parejas se entretienen con el juego infantil conocido como “los enanos”, el juego consistía en colocarse por parejas, una frente a otra y, de manera alternada, con las manos hacia atrás, mientras uno se para de puntas el otro se agacha al ritmo de una tonada que a letra decía: “estos enanos ya se agacharon porque a su nana la pellizcaron, se hacen chiquitos se hacen grandotes, los enanitos, los enanotes.”

Litografía, Constantino Escalante

Figura 1.- Litografía, Constantino Escalante

En la caricatura aludida las parejas que se encuentran en el primer plano son: Juárez y Napoleón III, los jefes de Estado de Francia y México; en segunda instancia, Forey y González Ortega, responsables del sitio y defensa de Puebla, respectivamente; al fondo, del lado izquierdo, un poco más lejanos de las parejas principales, un chinaco y un zuavo. La escena advierte lo cambiante de la situación en Puebla, si bien el 5 de mayo de 1862 fue una victoria que hizo que las figuras principales de milicia y la política mexicana estuvieran arriba, un año más tarde estarán abajo. En la caricatura de “los enanitos”, se advierte también, que a pesar del inminente “levantamiento” de Napoleón III y compañía, Juárez y los suyos tendrían la posibilidad, más adelante, de volverse a poner arriba. Para el mes de mayo de 1863, el juego de los enanos favoreció finalmente a Napoleón III, Forey y los zuavos, sin embargo Escalante restó merito a la victoria francesa, resaltando que fue verdaderamente el hambre y la falta de municiones lo que impidió al ejército de Oriente seguir combatiendo en Puebla. En este tenor se expresó con la caricatura correspondiente al número 35 de La Orquesta del 16 de mayo de 1863. En “¿Pero qué hacéis General?” observamos tres personajes, el mariscal Forey, al centro, corona con a una mujer delgada y harapienta quien representa el hambre. A la derecha del mariscal, un zuavo de aspecto contrariado le pregunta ¿por qué razón ha preferido premiar al hambre que a la milicia?

Litografía, Constantino Escalante

Figura 2.- Constantino Escalante

 La escena pretende de alguna forma suavizar la derrota de González Ortega, no faltó disposición ni arrojo por parte del ejército, el honor quedó intacto, fueron otras circunstancias las que habían propiciado el hambre. González Ortega, al mandar la carta de rendición a Forey, quiso dejarlo muy claro:

Señor Gral.: No siéndome ya posible seguir defendiendo esta plaza por falta de víveres, he disuelto el ejército que estaba a mis órdenes y roto su armamento […] Queda pues, la plaza a las órdenes de V.E., y puede mandarla ocupar, tomando, si lo estima conveniente, las medidas que dicta la prudencia para evitar los males que traería consigo la ocupación violenta, cuando ya no hay motivo para ello.

Para el 27 de mayo, aparece el último número de La Orquesta de su primera etapa, su editorial de despedida, anunciaba los posibles males que traería para la capital, la ocupación francesa: “esclamamos (sic) que una vez cansado el pueblo de tolerar tanto agravio, sabe y puede hacer aquí muchas víctimas francesas en un arranque de dignidad ofendida”.[1] Temiendo ser víctimas de alguna represalia, Constantino Escalante y Santiago Hernández salieron también de la ciudad México.

 


[1] Anónimo (¿Antonio Carrión?) “Cuando el siglo lo dice” en La Orquesta, 1ª, época, núm. 38, México, 27 de mayo de 1863, p. 150.

*El autor es doctorante en Historiografía por la Universidad Autónoma Metropolitana, unidad Azcapotzalco.

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