Servicios de Salud en el México posrevolucionario

Miguel Angel Jiménez Hernández. Etnohistoriador

Unidad motorizada del Servicio Sanitario 1915- 1920
Unidad motorizada del Servicio Sanitario 1915- 1920

El 4 de enero de 1841 el gobierno de la República,  encabezado por Antonio López de Santa Anna, ordenó la creación de un Consejo Superior de Salubridad del Departamento de México [1]; el encargado de esta dependencia era el Gobernador del Departamento. Este Consejo debía velar, conservar y propagar la vacuna antivariolosa [2], y opinar sobre todo lo referente a la higiene pública. En caso de llegar una epidemia, su deber era convocar a todos los miembros del Consejo para reflexionar sobre las medidas para combatirla y formar un Código Sanitario, sin embargo, este organismo sólo tenia injerencia en la capital de la República [3].

Una de las preocupaciones de los gobiernos posrevolucionarios fue el de ofrecer efectivos servicios de salud  y crear una cultura de la higiene en toda la población, además de fomentar la formación de médicos, apoyar la investigación, construir clínicas y hospitales; para ello se pusieron en marcha grandes campañas sanitarias y programas de educación sobre higiene a cargo del Departamento de Salubridad (antecedente de la actual Secretaría de Salud) [4], el objetivo era evitar enfermedades a través de la prevención y la vacunación. Para ello fue fundamental el uso de de propaganda oral, escrita, visual y audiovisual.

La epidemia de influenza H1N1 que se propagó por territorio mexicano en el año 2009 hace remembranza sobre la que se desató a principios del siglo XX. En 1918 la influencia española hizo su aparición en los Estados Unidos. En México ya se habían registrado algunos casos aislados durante el mes de abril de ese mismo año. En esa ocasión el Consejo Superior de Salubridad tomó cartas en el asunto y separó a los enfermos de todo contacto físico con otra persona. Sin embargo la injerencia de este Consejo sólo aplicaba para la capital de la República, para zonas federales, puertos y aduanas. Sólo podía aconsejar a las instancias estatales correspondientes, pero no podía establecer una política encaminada a detener la propagación de la enfermedad.

Se dictaminaron algunas disposiciones como el cierre de templos, escuelas, teatros y cualquier centro de reunión para disminuir el contagio. Sin embargo, no lograron cumplir su objetivo y la influenza se propagó por todo el país.  Los medios de comunicación anunciaban que la enfermedad se fortalecía debido a que no se habían dictado medidas pertinentes para acabar con las condiciones de insalubridad en que se encontraba la población. Se mencionaban las condiciones de los mercados, donde había pisos desaseados y vendedoras que no vigilaban la higiene de los alimentos que vendían [5].

La falta de información acerca de la etiología de la enfermedad hizo que algunos buscaran sacar provecho de la situación, los boticarios pretendían cobrar hasta un 15% más sobre el costo de sus medicinas. La prensa exigió  al Consejo Superior de Salubridad que actuara para incautar las medicinas. A ojos de la opinión pública el Consejo fracasó en su labor de detener la enfermedad, sin embargo la propagación se originó a diversos factores como falta de medicamento y de personal médico.

La falta de medicinas llevó a la población  a inventar sus propios remedios que mitigaran los mortíferos efectos de la enfermedad. Algunos aconsejaban tomar tequila o aguardiente con limón como preventivo. Sin embargo, el remedio más popular fue el té de canela. Esto hace suponer que la enfermedad se asemejaba a la gripe, pues mostraba los mismos síntomas.

Junto al pesimismo se unía la esperanza de poder derrotar a la enfermedad, por ello muchos buscaron el favor divino para recuperar la salud, muchos exvotos dedicados a la Virgen de Guadalupe y que se encuentran en el acervo del santuario de la Villa de Guadalupe dan cuenta de la necesidad de la población para recuperar la salud.

La dura situación en que se encontraba el país cambió a fines del mes de noviembre de 1918, cuando el Consejo Superior de Salubridad declaró que los casos de influenza habían disminuido de manera considerable, por lo que se consideraba que la epidemia estaba en vías de desaparecer.

En el imaginario colectivo, la influenza había dejado una huella difícil de borrar; sin embargo, los sentimientos de desolación, desesperanza y temor ante la muerte despertaron la sensación de vivir con intensidad, pues cualquier momento podía ser el último, esto nos permite comprender  cómo la población mexicana concibió un fenómeno cuyos resultados fueron devastadores.

Notas:

[1] Gudiño Cejudo, María Rosa, “La salud pública en México y sus fotografías”, en Diario de campo. Boletín interno de los investigadores del área de antropología, México, No. 105, julio- septiembre de 2009, p. 6.

[2] Vacuna contra la viruela descubierta por el británico Edward Jenner en el año de 1796.

[3] http://saludenmexico.blogspot.mx/2007/07/historia-de-la-salud-en-mexico.html

[4] Gudiño Cejudo, María Rosa, idem.

[5] Cano Sánchez, Beatríz Lucia, “El camino de la muerte: la influencia española de 1918. Las representaciones de la epidemia de la influenza española en el imaginario mexicano”, en Diario de campo. Boletín interno de los investigadores del área de antropología, México, No. 105, julio- septiembre de 2009, p. 17.

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