El Cuauhcalli de Malinalco, Estado de México

Miguel Angel Jiménez Hernández

Etnohistoriador

La población de Malinalco está ubicada a 110 kilómetros al suroeste de la Ciudad de México, se encuentra en una zona ubicada entre el altiplano central y las tierras bajas que conectan con el Pacífico, por lo cual, esta región posee un clima semitropical con sólo dos estaciones al año: la seca y la de lluvias [1].

La palabra Malinalco proviene del náhuatl malinalli, la cual hace referencia a una hierba o zacate, la cual crece de manera constante en la región, por lo que literalmente Malinalco refiere al “lugar de los zacates o trenzas”. Otra versión sobre el origen del nombre de Malinalco es en honor a la flor de malinalli, la cual está relacionada directamente con el nombre Malinalxóchitl, vocablo que hace referencia  la diosa hermana de Huitzilopochtli; de ahí la versión sobre el significado de Malinalco “donde se adora a malinalxóchitl, la flor del malinalli” [2].

Históricamente Malinalco ha sido una zona de intensa actividad social, derivada de su posición estratégica para el control de acceso a rutas hacia el Valle de Morelos y tierra caliente. Es importante tomar en cuenta las pugnas por el control de la región que ejercieron a finales del Posclásico Tardío los mexicas, con la conquista de Axayácatl, convirtiendo así en tributarios a los matlatzincas que habitaban la región desde el Posclásico Temprano [3].

Por otro lado, es importante pensar que la relación nahua/ matlatzinca pudo haber sido de otra naturaleza. En las Relaciones geográficas del siglo XVI se menciona que con la conquista de Axayácatl, Malinalco y otras poblaciones como Teotenango, Ocuilan, entre otras, fueron liberadas del poderío principal de Tenancingo. Además Pedro Carrasco [4] refiere que en las crónicas de Tezozómoc se menciona que existían segmentos de la población con filiación étnica nahua que ocupaban desde tiempo atrás la zona. Esto posiblemente implique la posibilidad de la existencia de relaciones de parentesco entre ambas etnias, y de una amplia participación en asuntos exclusivos del imperio o de sus vecinos aliados;  Carrasco refiere que los malinalcas participaban en las empresas militares, en las ceremonias y en las obras públicas propias de los mexicas [5].

Bajo el dominio de la sociedad mexica se construyó el edificio monolítico que se ubica en el llamado Cerro de los Ídolos, único en su tipo en América Latina, es comparable con los templos de la ciudad de Petra en Jordania, ambos labrados sobre la misma roca de las montañas.

El edificio más importante es el denominado Estructura I, el cuerpo piramidal muestra trece escalinatas, en medio de las cuales se muestran vestigios de lo que fue un porta estandarte de forma antropomórfica.  A los lados de la escalera se alcanza a reconocer los restos de dos felinos en posición sedente. La fachada simula la entrada hacia las fauces de Cipactli (ser mítico primigenio llamado también “Monstruo de la Tierra”), estas fauces están conformadas a su vez por la unión de dos perfiles de serpiente, de la cual sale una
lengua bífida que invita a entrar al templo.

Ya dentro del recinto se encuentra una banqueta semicircular, al centro, esculpida directamente del suelo sobre sale un águila que mira hacia la entrada. En el lado oriente y poniente fueron esculpidas dos águilas más. Sobre la banqueta en el lado norte se esculpió un jaguar que también mira hacia la entrada.

A este templo monolítico tambien se le ha llamado Cuauhcalli (casa del águila), Cuauhcuauhtinchan (Lugar de habitación de las águilas) o Tonatiuhichan (Lugar de habitación del Sol). No es extraño que estas representaciones coronen el santuario de Malinalco. Recordemos que el jaguar es símbolo terrestre y del poder político. Cipactli, se vincula a los mitos de origen de todo lo existente, a través de sus fauces se entra al interior de la tierra, se ingresa al interior de la cueva  (óztotl) o del cerro (tépetl). De esta manera, entrar al cerro es ingresar al inframundo. Este simbolismo puede representar el hecho de quienes entraban renacían en su nuevo estatus de guerrero jaguar o guerrero águila, en las que intervenían las fuerzas de la naturaleza para mantener el equilibrio del Universo.

Con esto queda de manifiesto el carácter sagrado de Malinalco, designado como un centro del poder político y militar. Adquiere un significado religioso muy importante como lugar de culto al Dios principal mexica (Huitzilopochtli) y como centro político- religioso, desde el cual, la ideología del Estado Mexica, encuentra el mejor vehículo de propagación en el culto a la naturaleza, donde la población era partícipe importante en la ritualidad  las cuales estaban centradas alrededor del proceso de  producción agrícola y el culto de la fertilidad.  Estos ritos agrícolas tienen un referente simbólico en el paisaje, por ello los mexicas crearon un paisaje ritual que incluye diversos adoratorios o lugares sagrados dentro del paisaje; en este sentido es primordial la relación dinámica de la sociedad con la naturaleza y la importancia de las montañas y los lagos como fuente de culto [6].

Notas.

1. Noguez, Xavier, Malinalco y sus contornos a través de los tiempos, México, Universidad Autónoma del Estado de México- El Colegio Mexiquense, A. C., 2006. p. 11.

2. White Olascoaga, Laura y Carmen Zepeda, El paraíso botánico del Convento de Malinalco, Estado de México, México, Universidad Autónoma del Estado de México, 2008, p. 26- 27.

3. Ibidem. p. 27- 28.

4. Carrasco, Pedro, Estructura político-territorial del Imperio tenochca. La Triple Alianza de Tenochtitlán, Tetzcoco y Tlacopan, México, Fondo de Cultura Económica- El Colegio de México, 1996, p. 131.

5. Idem.

6. Broda, Johanna, Historia y vida ceremonial en las comunidades mesoamericanas: los ritos agrícolas, México, Instituto Nacional de Antropología e Historia- Instituto de Investigaciones Históricas, 2004, p. 15.

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