México: La independencia que nació por “default”

Fernando Arturo Martínez
Periodista

La reciente conmemoración del bicentenario de la Independencia de México avivó la crítica sobre que la historia que se enseña en México responde a una visión “atrasada, anacrónica y positivista”.

La desmitificación de esa visión parcial de nuestro pasado histórico se presenta como una opción para entender la construcción de nuestra actualidad y de las consecuencias de aquello que no se ha podido contar.

Frente a esta tendencia historiográfica dominante, el historiador de la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH), Carlos Aguirre Rojas, insiste en que hace falta desarrollar una “contrahistoria”, que según Michel Foucault se debe interpretar como “la historia de aquellos que no poseen la gloria o que habiéndola poseído la han perdido para quedar condenados al silencio y al ostracismo”.

La crítica del también académico del Instituto de Investigaciones Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), durante su participación en el congreso “Historia crítica frente a la historia reverencial”, organizado por la ENAH hace unos días, expone que en la actualidad, al historiador se le exige “ser neutral y objetivo, narrar las cosas tal como acontecieron y abstenerse de cualquier interpretación”.

En una visión de la historia que, según afirmó, fue criticada en su momento por todas las corrientes historiográficas del siglo XX.

Independencia por “Default”

El proyecto que llevó consolidar a México como nación surgió entre contradicciones y dudas internas de quienes llevaron a consolidar lo que conocemos como Independencia.

Fue una movilización propiciada por las élites criollas coloniales para buscar una igualdad de derechos con los españoles naturales que dominaban la Nueva España. En sentido estricto, no hay tal cosa como Independencia en 1810.

¿Qué hay tanto el 15 como el 16 de septiembre? Nada, es una construcción simbólica que se empieza a tomar como Independencia, primero con Antonio López de Santa Anna y después, ya cuando se consagra esta idea, con Porfirio Díaz, explica María Luisa Aspe Armella, investigadora y académica de la Universidad Iberoamericana (UIA), campus Ciudad de México.

La movilización de 1810 fue resultado de un sentimiento de los criollos –ciudadanos, hijos de españoles, nacidos en la Nueva España– de tener el mismo acceso a derechos políticos, sociales y económicos que tenían sus padres peninsulares; es decir, de poder participar en los principales puestos de gobierno y de no ser marginados de la vida social novohispana. “Sobre todo cuando de las riquezas de la Nueva España vivía el imperio español”, recalca la historiadora.

Fue hasta 1821 cuando se da la Independencia en nuestro país, porque es cuando jurídicamente deja de ser Nueva España. De acuerdo con la revisión de historiadores como Enrique Krauze, la Independencia lograda en 1821, a través del Plan de Iguala que derivó en los Tratados de Córdova, firmados por Agustín de Iturbide, comandante del Ejército Realista y Vicente Guerrero, líder del Ejército Insurgente, avalados por el último virrey de la Nueva España, Juan de O’ Donojú; declara la Independencia de la América Septentrional, en ese momento, y que posteriormente se le daría el nombre de México. Pero más que un proyecto planeado y buscado, esta Independencia se dio prácticamente como una última posibilidad ante el sentimiento “dependentista” que ha caracterizado al pueblo mexicano, alimentado en gran medida por la influencia del catolicismo. “En 1821, la Nueva España deja de serlo y se convierte en México, pero lo hace por ‘default’.

ITURBIDESe hace el proyecto entre Iturbide y Vicente Guerrero, de lo que serán los Tratados de Córdova, cuyo primer punto fue ofrecer el trono de México al rey de España, Fernando VII”, asegura María Luisa Aspe.

Fueron 11 de años guerra y que al final, se pretendió regresar el dominio a España. La investigadora sostiene que la oferta fue rechazada y entonces se planteó la posibilidad de ofrecer el trono a algún miembro de una casa reinante europea pero que ante un nuevo rechazo, sólo quedó la posibilidad de ser independientes.

“Que quiere decir esto, que para este país que está en la transición de volverse independiente, no hay más modelo político que el monárquico; y no hay más modelo social que la cristiandad que es la estructuración social y política en función del catolicismo”, recalca.

Empero la supuesta consumación de Independencia en 1821, es hasta 1825 cuando la reina María Cristina de España firma la separación de la Nueva España de su reinado.

De acuerdo con las estimaciones de los especialistas ¿Por qué celebramos 1810 y no 1821? La mayoría coincide en que Agustín de Iturbide cayó en la tentación de querer forjar un imperio, se le etiquetó de traidor y toda la tradición mexicana del siglo XIX relegó al “panteón de los apestados” a Agustín de Iturbide, tratando de olvidar nuestro pasado monárquico.

Y según Aspe Armella, la independencia de México nace al intemperie porque no era ni lo buscado ni lo querido; diferente a la independencia proclamada en otros países como Estados Unidos de Norteamérica donde nació como un objetivo buscado y de forma plural.

El nombre de México, siguiendo la tesis de Edmundo O’Gorman, se remite a la cultura mexica.

“Los criollos empiezan a asumir una identidad distinta porque en el silgo XVII se inventan un pasado y empiezan a hablar de sus antepasados mexicas-texcocanos para sentirse al mismo nivel que los españoles, ya que están marginados y dicen en la poesía, por ejemplo, ‘no hay luna más bella que la novohispana’ era un deseo de exaltación como para afirmar su identidad”, detalla la investigadora de la UIA.

En una perspectiva que tiene que ver con el terruño, era un pasado existente pero inventado para ellos, para los criollos que decidieron nombrar México a la Nueva España.

Desmitificar con historización

Ante la discusión sobre la desmitificación de algunas versiones que se han consagrado a través de los años, la historiadora opina: “Hay que desmitificar pero ‘no hay que tirar el agua sucia con todo y niño’.

MORELOSSí habría que desmitificar pero “historizar” a los personajes. No podemos decir: ‘todos estos años, desde 1833 con Santa Anna, que Hidalgo ha sido <>, vamos a tirarlo a la basura’ porque parte de esa construcción histórica es lo que nos ha dado una formación identitaria, lo que habría es desmontar historiográficamente cómo fuimos llegando hasta ahí”, menciona la académica.

María Luisa Aspe Armella, concluye reflexionando: “Miguel Hidalgo era un excelente vocero del sentimiento criollo, pero, para mí, el verdadero padre de la patria fue José María Morelos porque tenía una idea de nación, sí católica, pero donde hubiera inclusión social; cosa que Hidalgo no tenía tan clara, decía: <>, pero Hidalgo todavía pensaba en términos monárquicos”.

Los diez mitos más relevantes sobre la Independencia de México, según Alejandro Torres Huitrón, académico en historia del siglo XIX de la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH)

  1. El grito de Independencia se realizó la madrugada del 16 de septiembre, no así la madrugada del 15 como se acostumbra conmemorar.
  2. Miguel Hidalgo estuvo muy cerca de tomar la Ciudad de México después de la batalla del Monte de las Cruces.
  3. No existió una depresión en la economía americana en el siglo XIX que provocara la Independencia de México.
  4. No existió un movimiento ilustrado original en la Nueva España que alentara la Independencia.
  5. La figura de “El Pipila” es difundida ampliamente en la tradición mexicana, mas no existen registros sobre su relación con el movimiento insurgente.
  6. La guerra de Independencia no fue una revolución como se cree sino una contrarrevolución de las élites coloniales.
  7. Contrario a lo que se piensa de Agustín de Iturbide por sus ambiciones, el insurgente jugó uno de los papeles más importantes, sino es que el más importante en el proceso de Independencia, que iba más allá de la batalla.
  8. Es un mito decir que después de 1821 nació una nueva nación, pues más bien se utilizó el corte administrativo heredado de los españoles borbónicos, el cual conjuntaba regiones poblacionales mucho más heterogéneas que homogéneas .
  9. El 27 de septiembre de 1821 Guerrero e Iturbide no desfilaron juntos, pues éste último marchaba en la retaguardia.
  10. El historiador ha puntualizado que es un mito pensar que somos una nación independiente.
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