¡ALARMA! ESPECTROGRAFÍAS HOMOSEXUALES

Miguel Ángel Barrón
Historiador

La revista Alarma! llenaba sus páginas con imágenes grotescas de decapitados, de ahogados, de ahorcados, de violaciones, de incestos, de acuchillados, de baleados y de desmembrados, así como de desviaciones sexuales y crímenes sexuales1; en otras palabras, imágenes que no eran meramente decorativas del reportaje, puesto que cumplían la función de ilustrar o ampliar lo dicho en la nota, revista alarma2pero de manera visual: “Intentamos crear una revista muy simple y visual. Si no hay fotografías, no hay artículo. A nuestros lectores les gustan las fotografías.”2 Recepción visual que, además, se combinaba con el ingenioso juego de palabras que los encabezados describían sobre el dolor y la muerte humana así como de las tintas utilizadas para elaborar gráficamente la revista. Encabezados cuya función era la de trasmitir el malestar que aqueja lo social, en términos que generaran risa, pero sin llegar a la burla, puesto que el foto reportaje era algo verdadero3, por tanto tenía que generar indignación, irritación, enojo, molestia y, a la vez, piedad en el público. Elementos que Harvey Bennet Stafford señala como parte de la iconografía católica que envolvía a la revista: “Catholicism, with its obsession with tortured saints and martyrs, created Alarma! […] Catholicism, with its iconography of blood, seemed to peak in some ways to the Colonially-subjected people […] Without Catholicism it would be difficult to imagine Alarma!”4. Desde esta perspectiva, el semanario Alarma!, entre 1963 y 19775, construyó, como mecanismo de denuncia y reglamentación, las prácticas “anormales”, “asquerosas”, “débiles” y “degeneradas” del llamado “tercer sexo”6. Pero, ¿cuál era la función de denunciar este “vicio” de “moda”, señala Alarma!, que practicaba el tercer sexo. ¿Era, como señala Ruth Felguerez en su investigación7, un instrumento ideológico del sistema capitalista? De acuerdo con Ruth Felguerez, el discurso de Alarma! es ideológico, por que reproduce en conjunto “[…] la ideología de la moral sexual reaccionaria, esto es, la ideología de la mayoría, la que ha impuesto la clase dominante”8 Pero, ¿qué entiende la autora por ideología de la moral sexual reaccionaria?

La autora entiende, desde Reich, “[…] la ideología, […] se materializa en la estructura psíquica del individuo. Por eso, mediante la materialización de esta ideología a nivel mental, el individuo se expresa y actúa con los intereses que reproducen y defienden el sistema capitalista. Esta ideología moral se expresa en los diversos niveles de las relaciones humanas, siendo la forma más común y generalizada, aquella que se da por el lenguaje”9. Lenguaje que designa las cosas por medio de las palabras e imágenes y donde las palabras e imágenes contienen un significante que denota a la cosa o las personas. Este significante es la ideología moral reaccionaria. Desde esta perspectiva, la revista Alarma!, mediante las palabras e imágenes que utilizaba para designar a los homosexuales, estaba reproduciendo la ideología moral reaccionaria del capitalismo. Ahora bien, si la revista puede considerarse un instrumento reproductor de ideología del capitalismo, también es cierto que Ruth Felguerez no ubica temporal ni espacialmente la revista, en términos que pueda colocar genealógicamente el discurso del semanario. En otras palabras, Felguerez omite un aspecto importante que tiene plena vinculación con el desarrollo histórico de un discurso y, en este sentido, desconoce las condiciones de producción del semanario. Condiciones de producción que tienen que ver con la función y desenvolvimiento de la nota roja, la trayectoria del periodista Regino Hernández Llergo, el desarrollo del proyecto editorial Publicaciones Llergo, la función del fotoreportaje en lo social, la influencia de Carlos Samayoa Lizárraga en elementos de formato como el logotipo, el encabezado construido con neologismos humorísticos y el uso de los colores negro y amarillo, entre muchas otras cosas. Sin embargo, no puedo dejar de señalar que Felguerez se ubica en un periodo de plena liberación sexual en la Ciudad de México, cosa que marca, incluso, en su trabajo de investigación. Tomando en cuenta esto, se comprende la crítica brutal y mordaz que realizó hacia el semanario. En este sentido, el semanario no puede comprenderse sólo desde su aspecto ideológico, puesto que ello desconocería la función de denuncia social de la línea editorial de Alarma!, la cual era el crimen, tal como Regino Hernández Llergo, desde la fundación de la revista Hoy, tenía como idea: “Nosotros nos proponemos escalar montañas, y descender a los más hondos precipicios, […] y también a los antros tenebrosos del crimen […] La mezcla extraña de lo excelso y lo terrible es lo que refleja con exactitud la idiosincrasia mexicana”10. Al respecto, Monsiváis menciona que esta manera de retratar el crimen, mediante la sección de la nota roja, ha tenido la función de exhibir espectacularmente las trasgresiones que las personas realizaban: “[…] la “normalidad” reducida en las fotos a poses que le dan la bienvenida al escándalo […]”,11 a la vez que ser parte de una moraleja moral, para el público lector y observador. De esta forma, la condición del mexicano, según Llergo, se debatía entre quién salía en la nota roja y quién aprendía la lección por medio de ella para luego ser siempre excelso en sus prácticas, aunque eso no demeritaba que se pudiera gozar un poco ante el dolor de los demás. Desde esta perspectiva, Alarma! continuó reproduciendo esta operación de espectáculo moral, mediante sus fotoreportajes: “[…] la tragedia en espectáculo, el espectáculo en admonición moralista, la admonición en relajo, el relajo en cuento de la tribu”.12 Veamos a continuación esta operación. El 8 de junio de 1963, a pocas semanas de haber salido el primer número de Alarma!, la revista publicaba, en su contraportada, las imágenes de dos travestis, las cuales estaban acompañadas de un encabezado que decía “Degenerados!”. En el interior de la revista, un fotoreportaje con un encabezado que señalaba lo siguiente: “No todo es bueno en la nueva época. El tercer sexo. Ellos o ellas hablan de su “superación” de “intelectualidad”. En cuanto a la estructura del fotoreportaje, éste lo integraban escasas seis páginas, subdivididas en seis “casos” y con un total de 15 fotografías. En ninguna de las páginas se señala lo que entendía el narrador-testigo, en primera persona plural, sobre el tercer sexo; aunque se puede deducir, como lo señalé renglones arriba. Es muy importante saber la función que tiene la figura del narrador-testigo, en primera persona plural, ya que no sólo tiene que contar lo sucedido, sino también emitir juicios, juzgar y actuar; elementos que son posibles debido a la utilización de la voz “nosotros”, la cual legitima sus opiniones, pues da la idea de formar parte de una sociedad que comparte dicha postura o visión: “Y nos referimos a los que no están conformes con las disposiciones de la naturaleza y de ellos gustan transformarse en “ellas”, alegando, porque ─¡todavía alegan y pretenden razonar!─ […]”13.

logo alarma
Minuciosamente y con detalle, son descritos los supuestos secretos sobre las prácticas sexuales del tercer sexo, las cuales van en aumento espectacularmente y por tal motivo tienen que ser denunciadas. Según Monsiváis, la función de exhibir todo como espectáculo, tenía que ver, además, con las sociedades de masas y Alarma! no estaba exenta: “De acuerdo al criterio estadístico de la sociedad de masas, una o dos víctimas son ninguna, y casi nadie pierde el tiempo enterándose de las pequeñas manías […]”14. En general, el fotoreportaje pretendió mostrar los secretos, verdaderos, del tercer sexo, a través del análisis de seis casos de travestis, producto de la corrupción social a nivel mundial. Una manera laica, de ver a la vuelta de la esquina, el Apocalipsis: “¡A eso hemos llegado dentro de esta ola rocanrolera, sideral, atómica y… cínica!”15. Ahora bien, si la nota no tenía en particular nada que ver con sangre, esto no quiere decir que no fuera trágica, ya que la función de ésta era que se observara el fatal destino que iba a rodear a estos seis personajes del tercer sexo. Destino fatal que se movía en dos direcciones. La primera, se relacionaba con lo que les iba a pasar a estas personas por vivir en los “cinturones de vicio”, que a la vez era la moraleja de la historia para los lectores y observadores de la revista. Es decir, como señala Cuauhtémoc Medina, siguiendo a Monsiváis, “[…] no matter how miserable you are, someone else is even more miserable”16. La segunda, tenía que ver con el propio “juicio” que, mediante el narrador del artículo, la revista, a través de revelar el “secreto” de estos “casos”, iba a exponer a la opinión pública. Con ello, la revista volvía la nota un puro espectáculo para un lector y observador que pedía el veredicto y por tanto se hacía cómplice del juicio. En opinión de Cuauhtémoc Medina esta práctica de realizar “juicios” antes de ser juzgada realmente la persona, en dado caso que hubiera cometido un ilícito, tenía que ver con el cambio de nuestro sistema penitenciario en la década de los treinta:

More importantly, it offers an impressive spectacle of the kind the Mexican judiciary is unable to offer. Since the 30s, the judicial system abandoned peer juries, and with them, the American Style cinematographic drama of the trial with the public presentation of testimonies and the spectaculars rhetoric of prosecutors’ and defenders. In Mexico, criminal cases are solved on the desk of a judge: the trial is akin to a bureaucratic procedure, with no highlights or histrionics. Such a boring process provides no material for sensationalist publications.17

En cuanto a las imágenes, estas siempre acompañaban al texto, puesto que eran la prueba fehaciente de que el crimen lo había cometido alguien. En este sentido, a diferencia de los ladrones u homicidas portando sus cuchillos o navajas, los del tercer sexo eran retratados con los elementos incriminatorios: sus ropas, sus gestos, sus poses y los lugares en donde se encontraban. Así, como señala Monsiváis, “[…] las víctimas resultan los verdaderos culpables, y los criminales son las estrellas del espectáculo de feria”18. En otras palabras, el criminal era el sistema capitalista y su política biológica, que históricamente ha venido representando así a los homosexuales ─al menos en la Ciudad de México, desde principios del siglo XX─, y no los homosexuales que eran exhibidos como criminales. De esta manera, el semanario Alarma, al menos en su primera época, no debería continuar entendiéndose sólo como un medio ideológico, puesto que el medio sólo reproducía lo que era visible y lo visible era esa manera como había sido exhibido el homosexual por parte del sistema capitalista: Lo visible entonces era la verdad. En consecuencia, ¿se puede decir que el semanario Alarma!, en esta primera etapa, continuó mostrando la misma representación negativa y brutal sobre homosexual? Sí, pero comprendiendo que la revista, además de su función social, tenía la pretensión de lucrar y por ello echaba mano de los elementos sensacionales que tanto gustaban al morbo popular. En palabras de Max Mejía: “La cuestión es que el texto de una manera rara, no miente. Y de una manera nítida fortalece la opresión de homosexuales y heterosexuales por igual”19. Finalmente, con respecto a los efectos que causaba la revista mediante este tipo de representación para con el homosexual, Max Mejía señala que Leer Alarma! es como hacer una visita a un museo de torturas. Cada una de esas cámaras se empeña por conseguir su efecto mediante la utilización de estigmas y símbolos profundamente enraizados en el sentido común moral […] Y que a fuerza de ser repetidas se han hecho “verdad social” […] Eso es lo que los lectores de Alarma! y muchos que no lo son, piensan acerca de la homosexualidad […] La tortura se vuelve un deber, es un deber de las “conciencias morales”, lo ha sido siempre. Y la historia de la opresión homosexual lo muestra de manera tajante.

Bibliografía:

Además, la revista contenía la imagen de una mujer en pose sensual a dos páginas, el famoso poster tradicional, juegos de crucigrama ─influencia de la revista Diversión de la misma casa editorial, la cual tenía un tiraje de 60 mil ejemplares─, leyendas urbanas, históricas y fantásticas y los anunciantes ─que para aquella época todavía eran escasos y por lo regular se trataba anuncios sobre cursos educativos por correspondencia, etcétera.

“El nuevo Alarma! Es el mejor tabloide de sucesos de México…”. Obtenido desde
http://www.viceland.com/es/v2n1/htdocs/el_nuevo_alarma.php . 20 de septiembre de 2010.

“Sobre la ironía, la sátira y la parodia”. Obtenido desde http://ridiculo513.blogspot.com/2009/09/sobre-la-ironia-la-satira-y-la-parodia.html . 20 de septiembre de 2010.

Harvey Bennet Stafford, “Mayhem Vendor`s” en Muerte! Death in Mexican Popular Culture. California, Feral House, 2000, pp. 5-6

Para realizar este ensayo se consultaron 28 meses del semanario, los cuales fueron distribuidos en seis meses durante un periodo que recorre los años de 1963, 1965, 1975, 1977. El muestreo fue elegido con la intención de determinar la continuidad de la representación discursiva y visual del homosexual anterior al primer movimiento de liberación homosexual público. La revista y las diferentes imágenes que son utilizadas para la realización de este ensayo fueron consultadas en la Hemeroteca Nacional de México.

“No todo es bueno en la nueva época. El tercer sexo. Ellos o ellas hablan de su ‘superación’ de intelectualidad” en Revista Alarma!. México, núm. 6, vol. 1, 8 de junio de 1963, pp. 2-6. La categoría de “tercer sexo” se utilizaba en la época para definir principalmente a todos aquellos que quedaban en ambigüedad con respecto a su rol de género. En este caso, los travestis eran los más notables y por ende a los que se les llamaba de esta forma. El término fue acuñado a finales del siglo XIX por el médico polaco Magnus Hirschfeld. Vid. Thorstad, David. Los primeros movimientos a favor de los derechos homosexuales (1864-1935). Barcelona, Tusquets editores, 1977.

Ruth Patricia Felguerez Rohde. Critica de la ideología de la familia a partir de las manifestaciones en la prensa contra la homosexualidad. Tesis de Licenciatura en Sociología. México, UNAM, 1978.

Ibid., p. 47.

Ibid., p. 6.

Antonio Sierra García. De la Revolución Mexicana a la revolución del periodismo: Regino Hernández Llergo. Tesis Licenciatura en Periodismo. México, UNAM, 2000, p. 94.

Carlos Monsiváis. Fuera de la ley. La nota roja en México 1982-1990, (Prólogo). México, Cal y Arena, 1993, p. III.

Ibid., p. III.

“No todo es bueno en la nueva época. El tercer sexo. Ellos o ellas hablan de su ‘superación’ de intelectualidad” en Revista Alarma!. México, núm. 6, vol. 1, 8 de junio de 1963, p. 2.

Monsiváis, op. cit., p. X.

“No todo es bueno en la nueva época. El tercer sexo. Ellos o ellas hablan de su ‘superación’ de intelectualidad” en Revista Alarma!. México, núm. 6, vol. 1, 8 de junio de 1963, p. 1.

Cuauhtémoc Medina. “Tabloid Crime” en Muerte! Death in Mexican Popular Culture de Harvey Bennett Stafford, p. 51.

Ibid., p. 50.

Monsiváis, op. cit., p. XI.

Max Mejía. “FHAR/LAMBDA. Tres años de militancia”. Revista Siempre!, México, núm. 1462, 1 de julio de 1981, p. IX. En Archivo histórico lésbico- feminista de Yan María Castro.

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